Ondas de Choques

Una onda de choque se define como una onda acústica o sónica, en la que la presión atmosférica se eleva del nivel ambiente a una presión máxima en pocos nanosegundos (109 seg.). En la actualidad, para uso terapéutico, se emplean amplitudes de presión con un rango de poder entre 10 y 100 Megapascales (MPa).

En contraste con el ultrasonido convencional, las ondas de choque tienen frecuencias muy bajas, lo que también significa menor absorción de energía por los tejidos. Además, se aplican con una menor frecuencia de repeticiones que el ultrasonido convencional, lo que se traduce en baja intensidad promedio. Las ondas de choque no causan calor tisular, y ninguno de sus efectos clínicos se ha asociado a modificación térmica de los tejidos. Asimismo, no se afecta por la presencia de materiales metálicos en el área de aplicación.

Las ondas de choque se someten a todas las propiedades físicas del sonido. Cualquier forma de sonido puede ser reflejado, absorbido, transmitido, refractado o difractado de acuerdo a la magnitud de la energía que lo origine, las características de la impedancia del objeto y del tipo de medio que lo transmite. El efecto de las ondas de choque sobre cualquier elemento se somete a estas leyes físicas, y su utilización sobre los tejidos biológicos tiene algunas características especiales que vale la pena analizar.

Efectos Vasos sanguíneos

Los resultados de la acción de las ondas de choque sobre los vasos sanguíneos están en relación directa con la dosis. Las de baja energía no generan efectos directos en el tamaño o forma de los capilares; sin embargo, al aumentar la intensidad por encima de 0,3 mJ/mm2, se observa daño en la pared arterial, hemorragia intersticial, formación de trombos y hematomas. Incrementos posteriores en la energía causan ruptura de los capilares con extravasación sanguínea.

Tejido nervioso

En este caso, el efecto es también dosis-dependiente. En 1994 Schelling describió cómo 95% de las ondas de choque producen un efecto gatillo del potencial de despolarización nervioso, similar a la despolarización normal. No se reportó disminución en la capacidad del nervio para transmitir impulsos eléctricos ni lesiones en las estructuras neurales.

Con base en la observación de los déficits neurológicos ocasionales asociados a la litotricia renal, Newman 40 realizó en 1987 un experimento en un modelo canino buscando determinar los posibles efectos de las ondas de choque sobre el tejido neural de la médula espinal. Según su reporte, el empleo terapéutico de ondas de choque, sólo se relaciona con hiperreflexia, sin que se observen daños asociados estructurales o funcionales de la medula. Es importante señalar que diferentes estudios han demostrado lesiones intraneurales relacionadas con el fenómeno de cavitación en nervio periférico tras el empleo de ondas de choque de alta energía en la columna vertebral, por lo que se contraindica su uso en esta región.

Sistema musculoesquelético

Los efectos de la aplicación de ultrasonido de alta energía en forma de ondas de choque sobre hueso, cartílago, tendón, ligamento y bursas se han estudiado profundamente en la última década.

Hueso

El efecto más importante sobre el tejido óseo consiste en la inducción de la generación de hueso, dada por estimulación de la diferenciación celular, osteoblástica y perióstica, además de ciertos efectos vasculares.11, 19, 25, 26 El microtrauma que produce la aplicación de ondas de choque sobre el hueso esponjoso está representado por fracturas microscópicas de la estructura trabecular fina, que constituye el lugar con mayor actividad celular y metabólica del hueso. La respuesta celular a este estímulo es la diferenciación celular hacia osteoblastos y la activación metabólica de los mismos para generar nuevo tejido óseo.

Tendón y ligamento

La aplicación de ondas de choque en tendones y ligamentos ha sido estudiada de especial manera en el músculo supraespinoso, tendón de Aquiles, inserciones epicondileas y fascia plantar. El grupo de investigación ortopédica de la Universidad de Mainz42, 43, 45, 48 ha clasificado los cambios sobre los tendones en tres grandes grupos, de acuerdo a las diferencias en el tamaño encontradas después de la aplicación experimental de ondas de choque. Los tres niveles se correlacionan con cambios histológicos y biomecánicos en forma lineal.

Uso clínico de las ondas de choque en Ortopedia, Traumatología y Medicina Deportiva de las diferentes líneas de investigación que el uso de ondas de choque ha generado en la última década, se destacan los estudios de varios grupos europeos que han desarrollado y aplicado protocolos clínicos en diferentes patologías ortopédicas, deportivas y traumatológicas. Los doctores Werner, Siebert y Mathias Buch, de Kassel en Alemania, han seguido el mayor número de pacientes en el mundo tratados con ondas de choque para tendinitis insercionales.

Respecto a los efectos de este tratamiento aplicado en retardos de unión y pseudoartrosis, el doctor Jan-Dirk Rompe, de la Universidad de Mainz, es el investigador que cuenta con la mayor experiencia. El doctor Lussenhop ha estudiado los efectos de ondas de choque sobre el cartílago de crecimiento, y muchos otros grupos han trabajado en la aplicación de este sistema en patología musculoesquelética.


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